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El verano con diabetes ya no es lo que era

El verano con diabetes ya no es lo que era

El verano con diabetes ya no es lo que era

Cada vez más, los últimos avances en el cuidado de la diabetes nos facilitan la vida, y nos hacen vivirla de una manera muy distinta a la que era habitual hace unos años. De eso nos habla hoy Óscar López de Briñas (Reflexiones de un Jedi Azucarado).

Este verano que ya se acaba (y todos los demás veranos) es frecuente leer comentarios sobre diversos contratiempos o engorros a la hora de hacer ciertas actividades propias del período estival. Sensores que se despegan por efecto de la canícula… preguntas sobre cómo abordar ciertas situaciones veraniegas y ajustar la terapia a ellas… dudas sobre las maneras de realizar actividades acuáticas… Es cierto que a veces -y sólo a veces- nos sentimos seres especiales y diferentes. Podemos hacer de todo, sí. Pero con un cacharro encima ( o varios). O calculando previamente ciertos parámetros. O tomando decisiones previamente a la actividad que queramos hacer. Sea como sea, el verano lo pasamos con una relativa normalidad y lo disfrutamos, que es de lo que se trata. Pero yo siempre digo que a veces hay que echar la vista atrás para poder ver con perspectiva dónde estamos e incluso a veces poder darse cuenta de lo que era un verano con diabetes de hace veinte o treinta años. Porque en cuestiones de diabetes, el verano ya no es lo que era… por suerte.

Más de uno habrá recordado en estos momentos una imagen que era común entre las personas con diabetes en aquella época: la dificultad para poder transportar ciertos elementos de la diabetes. Objetos que debían acompañarnos a todas horas y que en verano y ante la falta de ropa, no teníamos dónde guardar. Si retrocedemos lo suficiente, volamos a una época en la que no existían las cómodas plumas de insulina.

Quizá lo más aparatoso e incómodo era la insulina. Por entonces utilizábamos viales, los cuales debíamos transportar junto a unas cuantas jeringuillas desechables. Y todo convenientemente envuelto o protegido de las altas temperaturas mediante algún aislante o apaño casero (tampoco había esos bolsitos actuales tan monos que se venden online y donde se puede llevar el kit de la diabetes). En mi caso, un plástico de espuma envolviendo de mala manera jeringuillas e insulina y sujetado todo con una simple goma. El resultado, una especie de pelota aparatosa, sospechosa y sobre todo nada discreta, que debía acompañarme a todas partes. Y junto a ese paquete, el omnipresente medidor de glucemia capilar. Grande y pesado. Dile a un joven de los 80 que con diabetes podía hacer lo que quisiera (modo ironía on). Quizá sí que podía, aunque con muchos peros y condicionantes. Empezando por tener que transportar aquel odioso equipaje para el que no encontraba bolsillo lo suficientemente grande.

Por entonces debías estar con tu medidor de glucemia capilar a mano porque no sabías cómo te iría la glucosa ante una sesión de playa y baño… una sesión de deporte… o un simple paseo. Y nada de probar el dulce, por supuesto. Aquellas insulinas eran sencillamente incapaces de gestionar un alimento con HC de alto índice glucémico. Eran productos prohibidos para nosotros. Y quizá con suerte lo más dulce que podíamos probar era aquella bebida precursora de las bebidas sin azúcar que se llamaba TAB, y que yo pedí en un bar que me lo trajeran solamente a mi porque era lo único que podía tomar para sentirme alguien “normal”. Y a veces, en épocas como el verano, de repente me paro un momento y recuerdo aquellos años. Años complicados en los que hacíamos lo que podíamos con las herramientas de las que disponíamos. Sin ninguna duda, el verano ya no es lo que era.

Ahora podemos saber nuestra glucemia en tiempo real y cada minuto. Pero no sólo eso. También puede verla un cuidador. Podemos estar tranquilos viendo a nuestro hijo jugar con el agua monitorizando su glucemia minuto a minuto. Antes esto suponía un estrés y una constante medición capilar cada cierto tiempo para evitar un susto. Ahora podemos ver en la pantalla de nuestra bomba de infusión la insulina circulante que nos queda desde la última dosis. Vemos cómo actúan sus algoritmos y cómo el modo deporte nos protege de la hipoglucemia cuando vamos a nadar en el agua o a pasear por el monte. Disponemos de utillaje de todo tipo para resguardar nuestras plumas de insulina, llevar cómodamente nuestras cosas. Tenemos todo tipo de presentaciones de glucosa para solventar hipos incluso en deportes acuáticos.

No. El verano ya no es lo que era en cuestiones de diabetes. Ahora es infinitamente mejor. Ahora podemos vivir mucho más tranquilos. Mejor controlados. Con más herramientas. Mejores insulinas. Dispositivos más sofisticados e inteligentes. Pero a veces, sólo a veces, recuerdo aquellos veranos complicados con ese bulto enorme en el bolsillo que escondía el vial de insulina y las jeringuillas desechables. Y pienso… ¿realmente imaginaba que treinta años después estaría como ahora? Honestamente, creo que no. Mi día a día ahora es mucho más cómodo y mucho más cercano al de una persona sin diabetes. Con mucha más calidad de vida. Y es entonces cuando una sonrisa se dibuja en mi boca, mientras me doy cuenta de que el verano ya se acaba y decido acercarme al agua para el quizá será el último de los chapuzones del verano.

 

¿Qué es Making Diabetes Easier?

Making Diabetes Easier es la marca común de toda la actividad de Diabetes del grupo Air Liquide Healthcare en Europa. Novalab es la marca que engloba la actividad de diabetes en España con la que queremos ayudar haciendo la diabetes más fácil.

 

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