El descubrimiento de la insulina y el Premio Nobel de Medicina de 1923
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1923 fue otorgado a Frederick Banting y John James Rickard Macleod por el descubrimiento de la insulina, un hito que transformó para siempre el tratamiento de la diabetes. Esta enfermedad, antes del hallazgo, era prácticamente una sentencia de muerte, especialmente para los pacientes jóvenes con diabetes tipo 1. El trabajo que llevó a este reconocimiento fue el resultado de una serie de investigaciones pioneras realizadas entre 1921 y 1922 en la Universidad de Toronto, Canadá.
La investigación
A principios del siglo XX, la diabetes se entendía como un trastorno relacionado con el páncreas. Desde finales del siglo XIX, gracias a los estudios de Oskar Minkowski y Joseph von Mering, se sabía que la extirpación del páncreas en perros provocaba síntomas similares a la diabetes humana. Sin embargo, nadie había logrado aislar con éxito la sustancia responsable de regular la glucosa en la sangre.
En 1920, Frederick Banting, un joven cirujano canadiense, tuvo la idea de que, si se ligaban los conductos pancreáticos de un animal, se destruirían las células que producen enzimas digestivas, conservando las células productoras de la hormona antidiabética. Banting presentó su propuesta a John Macleod, un respetado fisiólogo de la Universidad de Toronto. Aunque escéptico, Macleod le proporcionó un laboratorio, perros para experimentación y la colaboración del estudiante Charles Best.
Entre el verano y otoño de 1921, Banting y Best comenzaron a extraer un extracto pancreático que, al ser administrado a perros diabéticos, reducía notablemente los niveles de glucosa en sangre. Este extracto fue bautizado como “isletina”, y más tarde recibió el nombre de insulina.
Para llevar el descubrimiento a la práctica clínica, se necesitaba una forma purificada y segura para humanos. En este punto se incorporó el bioquímico James Collip, quien logró depurar el extracto de manera efectiva.
En enero de 1922, el primer paciente humano, Leonard Thompson, un joven de 14 años con diabetes grave, recibió una inyección de insulina. Tras perfeccionar el extracto, se observó una reducción drástica de sus niveles de azúcar y una mejora evidente de su estado general. Fue el inicio de una nueva era terapéutica.
El reconocimiento Nobel
En 1923, el Comité Nobel otorgó el Premio de Medicina a Banting y Macleod. Banting, molesto porque no incluyeran a Best, compartió su mitad del premio con él. Macleod, en gesto similar, compartió la suya con Collip. Este reparto reflejó la naturaleza colaborativa —aunque tensa— del descubrimiento.
El descubrimiento de la insulina transformó una enfermedad mortal en una condición controlable. Se estima que ha salvado cientos de millones de vidas. Además, abrió el camino a nuevas investigaciones hormonales y al desarrollo de la biotecnología médica en el siglo XX.
La investigación premiada en 1923 no solo cambió la medicina, sino que marcó uno de los logros científicos más influyentes de la historia moderna.