“La diabetes te obliga a madurar a la fuerza”, por Pedro Jaén Seijo
El sevillano Pedro Jaén Seijo es un retratista que, a través del carboncillo, dice “capturar lo invisible que habita en cada rostro o gesto”. Pero hace unos meses publicaba en su perfil lo invisible que habita en él: una diabetes que le acompaña desde que tenía 6 años.
Hablamos con él sobre cómo se entrelazan arte y patología.
¿Qué te motivó a dedicarte al dibujo y al retrato como forma de expresión artística?
Empecé a dibujar porque necesitaba escapar. Cuando te diagnostican una enfermedad crónica siendo un niño, pierdes muchas cosas sin entender por qué. El dibujo fue el único territorio donde yo mandaba. Ahí no había médicos, ni pinchazos, ni horarios, ni números que decidieran cómo iba a ser mi día. El retrato llegó después, casi como una obsesión por entender a las personas, por mirar más allá de lo evidente. Dibujar caras es una forma de buscar verdad, y también de buscarme a mí mismo.
¿Crees que la diabetes ha influido de alguna forma en tu manera de entender el arte?
Totalmente. La diabetes te obliga a madurar a la fuerza. Te enseña que el cuerpo falla, que el control absoluto no existe y que el miedo puede formar parte de la rutina. Todo eso cambia tu manera de mirar el mundo. Mi arte nace mucho de ahí, de la tensión entre el control y la fragilidad. La enfermedad me ha hecho más obsesivo con el detalle, más introspectivo y, probablemente, más honesto emocionalmente. No romantizo la diabetes: es dura, desgastante e injusta. Negar que te marca sería mentir.
¿Alguna vez has pensado en algún proyecto artístico que conecte con la enfermedad?
Sí, y creo que tarde o temprano lo haré. Me interesa mostrar la parte que nadie ve: el agotamiento mental, la sensación de estar permanentemente vigilando tu propio cuerpo, el miedo silencioso que acompaña incluso en los momentos felices. La diabetes no es solo una cuestión médica, es una experiencia vital que atraviesa la identidad de quien la padece. Me gustaría contar eso sin filtros, sin discursos motivacionales ni azúcar emocional.
Eres usuario de sensor, ¿cómo viviste el cambio en tu gestión de la diabetes con él?
El sensor es, probablemente, lo mejor que le ha pasado a la diabetes en décadas. Pasas de vivir prácticamente a ciegas a tener información constante. Reduce muchísimo la ansiedad y la incertidumbre. No soluciona la enfermedad, ni mucho menos, pero hace la vida más vivible. La diabetes sigue siendo exigente y no da tregua, pero el sensor te devuelve una pequeña parte del control que la enfermedad te roba.
¿Crees que el arte puede ayudar a manejar emocionalmente situaciones de salud difíciles?
El arte no cura enfermedades, pero puede salvarte mentalmente. Crear te permite sacar fuera todo lo que duele, lo que asusta o lo que no sabes explicar. A veces es la única forma de poner orden en el caos. El arte es un espacio donde puedes ser vulnerable sin pedir permiso y sin tener que dar explicaciones. Para muchas personas, y desde luego para mí, ha sido una forma de supervivencia emocional.
¿Qué mensaje le darías a alguien que está explorando el arte como medio de expresión personal o como herramienta para sobrellevar un desafío de salud?
Que no intente hacer algo bonito, que intente hacer algo verdadero. El arte no tiene que gustar ni ser perfecto. Tiene que servirte para respirar cuando sientes que te ahogas. Crear es enfrentarte a lo que te pasa sin esconderlo. Puede ser incómodo, incluso doloroso, pero también puede ser liberador. A veces no puedes elegir lo que te toca vivir, pero sí puedes decidir qué haces con ello.