Cómo afectan las estaciones a la diabetes
El control de la glucosa en sangre es una de las prioridades en la vida de las personas con diabetes. Sin embargo, más allá de la alimentación y la medicación, existen otros factores que pueden alterar este equilibrio. Uno de ellos, a menudo subestimado, es el clima y la estación del año. Tanto el frío del invierno como el calor del verano pueden influir en los niveles de azúcar en sangre, y entender estos cambios estacionales puede marcar una gran diferencia en la salud y el bienestar.
¿Por qué varía la glucosa según la estación?
Varios estudios clínicos han confirmado que los niveles de glucosa y la hemoglobina A1c tienden a ser más altos en invierno y más bajos en verano¹. Esto se debe a una combinación de factores fisiológicos, ambientales y de comportamiento.
Temperatura y sensibilidad a la insulina: Durante los meses fríos, el cuerpo tiende a conservar energía y restringe el flujo sanguíneo hacia la piel y las extremidades, un proceso llamado vasoconstricción. Este fenómeno puede interferir con la absorción de insulina, sobre todo en personas que la administran por vía subcutánea¹. Además, la exposición al frío puede elevar los niveles de cortisol, una hormona que aumenta la glucosa en sangre.
Actividad física y estilo de vida: El invierno también se asocia con mayor sedentarismo. Las condiciones climáticas desfavorables y las jornadas más cortas reducen las oportunidades para hacer ejercicio, lo que impacta directamente en el metabolismo de la glucosa². En contraste, el verano suele incentivar actividades al aire libre, caminatas, natación y otras formas de movimiento que mejoran la sensibilidad a la insulina.
Cambios en la alimentación: Durante el invierno, las personas suelen consumir más alimentos calóricos y ricos en carbohidratos, como sopas con harinas, chocolates y platos abundantes. En verano, en cambio, predomina una alimentación más fresca y ligera, rica en frutas, vegetales y líquidos³. Esta diferencia en la dieta tiene un impacto directo en los niveles de azúcar.
Ritmos circadianos y hormonales: La exposición a la luz solar regula nuestros ritmos circadianos, que a su vez afectan hormonas como la melatonina y el cortisol. En invierno, la reducción de la luz puede alterar estos ritmos, lo que contribuye a una menor sensibilidad a la insulina y alteraciones en el metabolismo de la glucosa⁴.
¿Qué dicen los estudios?
Una investigación publicada en Diabetic Medicine demostró que los niveles promedio de HbA1c eran consistentemente más altos en invierno y más bajos en verano, independientemente del tipo de diabetes¹. Este patrón estacional se observó tanto en adultos como en niños.
Otro estudio realizado por PNAS mostró que el desajuste circadiano, como ocurre con el trabajo por turnos o los cambios de horario en invierno, puede reducir significativamente la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina⁴. Este fenómeno se hace más notorio en invierno, cuando pasamos más tiempo en interiores y recibimos menos luz natural.
Además, un análisis de datos publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health observó una correlación entre climas extremos y descontrol glucémico, sugiriendo que tanto el calor extremo como el frío pueden desencadenar desequilibrios en personas con diabetes⁵.
Diferencias según tipo de diabetes
- Diabetes tipo 1: Las personas con diabetes tipo 1 son especialmente sensibles a los cambios estacionales, ya que dependen de la insulina externa. Necesitan estar muy atentos para ajustar las dosis según la estación.
- Diabetes tipo 2: El invierno puede agravar la resistencia a la insulina, un problema común en personas que viven con diabetes tipo 2 . Mantenerse activo en los meses fríos es fundamental para el control.
- Diabetes gestacional: Aunque temporal, esta forma de diabetes también puede verse afectada por los cambios estacionales, especialmente si el embarazo transcurre en invierno o verano donde las temperaturas son más extremas.
Recomendaciones para un mejor control glucémico estacional
- En invierno: Monitoriza tus niveles con más frecuencia, especialmente si notas un aumento. Aumenta tu actividad física en interiores: caminar en casa, seguir rutinas de ejercicio online o usar bicicletas estáticas. Adapta tu dieta: incorpora sopas con vegetales, legumbres, y evita el exceso de carbohidratos refinados. Revisa tus dosis de insulina con tu endocrinólogo, ya que podrían requerir ajustes.
- En verano: Mantente bien hidratado, recuerda que la deshidratación puede elevar la glucosa. Aprovecha las frutas frescas, pero modera las que tienen alto índice glucémico como el mango o la sandía.
Haz ejercicio en horarios seguros (temprano o al atardecer) para evitar golpes de calor.
Revisa tus medicamentos si vas a exponerte al sol o a temperaturas altas, ya que algunos pueden deteriorarse con el calor.
El control de la glucosa no es estático: cambia con las estaciones, el clima, y nuestros hábitos diarios. Conocer cómo el entorno afecta nuestro cuerpo permite anticiparse y tomar mejores decisiones. Las personas que viven con diabetes, así como los profesionales de la salud, deben considerar estos factores para lograr una gestión personalizada, estacional y eficaz de la enfermedad.
Fuentes
- Tseng CL, et al. (2005). Seasonal patterns in monthly hemoglobin A1c values. Diabetic Medicine, 22(4):460–466 https://doi.org/10.1111/j.1464-5491.2005.01452.x
- American Diabetes Association. (2023). Physical Activity/Exercise and Diabetes. Diabetes Care, 46(Supplement_1):S144‑S150. https://diabetesjournals.org/care/article/46/Supplement_1/S140/148057/9-Pharmacologic-Approaches-to-Glycemic-Treatment
- Harvard T.H. Chan School of Public Health. The Nutrition Source: Carbohydrates. https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/carbohydrates/
- Wefers J, et al. (2018). Circadian misalignment induces fatty acid metabolism gene profiles and compromises insulin sensitivity in human skeletal muscle. PNAS, 115(30). https://www.pnas.org/doi/full/10.1073/pnas.1722295115
- Wicinski M, et al. (2020). The role of weather and seasonal changes in glycemic control. Int. J. Environ. Res. Public Health, 17(20):7575. https://www.mdpi.com/1660-4601/17/20/7575