“La diabetes perfectamente controlada no existe”, entrevista a Ángeles Ferrando Rodríguez
Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Maestra con especialidad en Educación Física y Formadora de Formadores, Ángeles cursó un Máster en Formación Permanente en Diabetes, y se dedica a ayuda a otras personas con diabetes a través de métodos centrados en el ejercicio y la vida saludable.
Lo hace desde sus programas, pero también a través de sus redes sociales. Hablamos con ella para saber un poco más sobre su actividad.
¿Qué te llevó a dedicar tu carrera al acompañamiento de personas con diabetes?
Siento que ha sido una suma de acontecimientos. Como si la vida, poco a poco, me hubiera traído hasta aquí.
Fueron ocurriendo cosas en mi vida que me empujaron a hablar precisamente de lo único que no quería hablar: de diabetes. Y es curioso, porque durante muchos años me negué a aceptarla, a integrarla e incluso a nombrarla. Y hoy, irónicamente, dedico mi vida a hablar de ella y acompañar a otras personas que están recorriendo ese mismo camino por el que pasé yo.
Me gusta pensar que todos tenemos un propósito y siento que el mío está profundamente ligado a la diabetes.
También hay algo muy personal en todo lo que hago. Cada programa, cada formación y cada recurso que creo llevan un pedacito de la Ángeles que fui y de la que sigo siendo. Muchas veces pienso que estoy construyendo aquello que a mí me habría hecho muchísimo bien encontrar cuando me diagnosticaron.
Y, además, estoy cada día más convencida, de que enseñar es la mejor manera de seguir aprendiendo. Y cada persona que llega a mí, siempre me aporta y me recuerda momentos de mi propia historia, me hace seguir estudiando, cuestionándome y creciendo como profesional, pero sobre todo como persona.
Muchas personas sienten que la diabetes acaba controlando su vida. ¿Cómo ayudas a
cambiar esa percepción?
Lo entiendo perfectamente, porque me he sentido así durante años y no es extraño que aparezca esa sensación. La diabetes es una condición compleja que impregna nuestro día a día. Está presente en lo que comemos, en cómo nos movemos, en el descanso, en la medicación, en nuestro estado de ánimo y en la mayoría de las decisiones que tomamos.
Influye tanto lo que hacemos como lo que dejamos de hacer. A veces la visualizo como un juego de malabares que debemos mantener las 24 horas del día, sin tregua.
Por eso es normal que, en algún momento de nuestra vida, sintamos que hemos perdido el rumbo.
Y, curiosamente, cuanto más intentamos llevarlo todo, más desbordados podemos llegar a sentirnos.
Cada día intento trabajar primero conmigo misma y después con las personas a las que acompaño para cambiar esa percepción. Recordarnos que somos nosotros quienes llevamos las riendas de nuestra vida y de nuestra salud.
La diabetes forma parte de ella, pero no tiene por qué convertirse en la protagonista de nuestra historia.
Siento que el secreto está en aprender a darle su lugar. Aceptarla, integrarla y atenderla, para poder seguir adelante con nuestra vida sin que todo gire constantemente a su alrededor.
¿Cómo consigues motivar a personas que llevan años frustradas con su enfermedad?
Te diría que, sobre todo, a través de la educación y del acompañamiento.
Por un lado, cuando entendemos qué nos pasa y por qué nos pasa, la frustración disminuye muchísimo. Al menos esa ha sido mi experiencia. Lo que peor me hacía sentir era pensar que lo estaba haciendo todo bien y, aun así, mis resultados seguían sin mejorar.
Con el tiempo entendí que, en realidad, lo hacía bien... según lo que sabía en ese momento. Pero nadie puede aplicar lo que no conoce. Y cuando empiezas a comprender cómo funciona tu diabetes y qué variables están influyendo, empiezas también a tomar mejores decisiones y a sentir que recuperas las riendas.
Y, por otro lado, está el acompañamiento. Sigo pensando, y cada día lo confirmo, que la diabetes es una condición muy solitaria. Aunque tengas una familia maravillosa y personas que te quieran y se impliquen, al final eres tú quien toma las decisiones cada día. Eres tú quien ajusta la insulina, quien decide qué y cuanto comer, quien interpreta los datos del sensor y quien convive con el miedo, las dudas y el cansancio.
Además, muchas personas con diabetes compartimos un patrón muy parecido, de cara a los demás solemos decir que estamos muy bien, quitamos importancia a lo que nos pasa y seguimos adelante, como si nada pasara. Pero por dentro, muchas veces, sentimos agotamiento, culpa, frustración y tristeza.
Cuando de repente encuentras a alguien que habla tu mismo idioma, que entiende perfectamente cómo te sientes sin tener que dar demasiadas explicaciones, todo cambia. Y cuando empiezas a ver pequeños cambios en tus gráficas, en tus analíticas o simplemente en cómo te sientes en tu día a día, recuperas las ganas y la motivación aparece casi sola. Porque empiezas a comprobar que hay cosas que sí puedes hacer, cambiar y mejorar.
¿Cuál ha sido el aprendizaje más valioso que te han enseñado a ti tus propios alumnos?
Creo que uno de los mayores aprendizajes ha sido entender que no hay dos personas iguales con diabetes. Podemos compartir el mismo diagnóstico, el mismo tratamiento e incluso utilizar el mismo sensor, pero cada persona vivimos con diabetes de una manera completamente distinta.
Me han enseñado que, antes de hablar de datos, hay que escuchar y observar, lo que decimos y también lo que callamos.
También he aprendido que detrás de una hiperglucemia sostenida no siempre hay únicamente una falta de insulina. En muchas ocasiones puede haber miedo a una hipoglucemia. Y detrás de hipoglucemias repetidas no siempre basta con recomendar menos insulina o más alimento, porque puede haber miedo a las hiperglucemias o una relación difícil con la comida.
También me han enseñado a mirar más allá de las gráficas. A identificar no solo patrones de glucosa, sino también patrones de comportamiento, porque muchas veces nuestras gráficas también hablan de cómo nos relacionamos con la diabetes, hablan del miedo, la ansiedad, la culpa, la exigencia o el cansancio que arrastramos en el día a día.
Y quizá el aprendizaje más importante ha sido dejar de ver solo la diabetes para ver a la persona que vive con diabetes, dentro de una familia, un entorno y unas circunstancias que también influyen.
Cuentas con distintos programas de acompañamiento, pero el que más nos llama la atención es el de educación postural ¿Cómo ayuda una mejor postura a una persona con diabetes?
El ejercicio físico siempre ha sido una parte muy importante de mi vida, tanto a nivel personal como profesional.
El movimiento es salud para cualquier persona, pero para quienes vivimos con diabetes forma parte también de nuestro tratamiento. Nos ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina, favorece la circulación, fortalece la musculatura, mantiene la movilidad articular y, por supuesto, nos ayuda a mejorar nuestro bienestar físico, mental y emocional.
Cuando hablamos de educación postural, hablamos de aprender a movernos mejor en nuestro día a día. Muchas personas pasan horas sentadas, trabajan frente a un ordenador o adoptan posturas mantenidas que, con el tiempo, acaban provocando dolor, rigidez o lesiones.
Y cuando aparece una lesión, normalmente nos movemos menos. Al movernos menos suele aumentar la resistencia a la insulina, nos encontramos peor físicamente, baja el estado de ánimo y, en muchas ocasiones, algunos tratamientos necesarios para recuperarnos también pueden influir en nuestras glucemias.
Por eso me gusta hablar siempre de la importancia de la prevención. Cuidar nuestra postura, mantener una musculatura fuerte y hacer del movimiento un hábito no solo nos ayuda a evitar dolores o lesiones, sino que también nos permite vivir con más salud y con una mejor calidad de vida.
Cuéntanos más sobre el programa Aplanando nuestras curvas glucémicas. ¿Qué trabajas ahí?
Aplanando nuestras curvas glucémicas es un programa muy especial para mí, porque nace de todo lo que yo necesité durante muchos años y no encontré.
Yo también tuve la sensación de estar haciendo todo lo posible y, aun así, no entender por qué mis resultados no acompañaban. Por eso creé un programa que no se quedara solo en explicar teoría, sino que ayudara a cada persona a mirar su propia realidad, entender sus gráficas y descubrir qué patrones se repiten en su día a día.
Trabajamos el autoconocimiento, la educación diabetológica, el ejercicio físico, los hábitos saludables y la relación con el estrés, porque todos estos factores influyen en nuestras glucemias.
Además, cada persona cuenta con seguimiento personalizado y diario, sesiones grupales y una comunidad en la que puede compartir lo que le pasa con otras personas que realmente lo entienden.
Y hay algo que para mí es muy importante, gracias a los sensores, a las analíticas y al seguimiento con nuestro equipo sanitario, podemos comprobar si realmente vamos por buen camino.
No trabajamos sobre una diabetes en general, sino sobre la diabetes de cada persona, porque no hay dos diabetes iguales.
El objetivo no es conseguir una diabetes perfecta, porque eso no existe. El objetivo es que, al
terminar, la persona entienda mucho mejor su propia diabetes, tenga más herramientas, pueda tomar mejores decisiones y sienta que vuelve a llevar las riendas de su salud en su día a día.
¿Qué le dirías a alguien que acaba de recibir el diagnóstico y siente que su vida ha cambiado para siempre?
Le diría que sí, que es cierto, su vida ha cambiado para siempre. Pero también le diría que va a poder ser quien quiera ser.
Va a poder disfrutar, vivir, reír, viajar, trabajar y hacer muchísimas cosas. Solo que, a partir de ahora, tendrá una nueva compañera de camino a la que deberá conocer, aceptar, integrar y atender.
También le diría que es normal sentirse ahora mismo en medio de un caos. Al principio todo parece demasiado, pero conforme vaya aprendiendo, comprendiendo y conociéndose, lo irá llevando mucho mejor.
Le recomendaría que busque personas que le inspiren, que ya estén haciendo con diabetes, lo que le gustaría hacer. Y también, personas de las que acompañarse y compartir, porque muchas veces ni siquiera será necesario hablar. Estar cerca de alguien que entiende de verdad lo que estás viviendo puede ayudarnos muchísimo.
Y para cerrar, comparto algo que para mí es muy importante. No elegimos tener diabetes, pero sí podemos elegir cómo queremos vivir con ella. Y esto puede cambiar por completo nuestro día a día.